Jamaica se encuentra en una carrera contrarreloj para reabrir sus carreteras principales y atender la crisis sanitaria que dejó el huracán Melissa, que arrasó la isla con vientos furiosos y lluvias torrenciales, dejando al menos cuatro muertos y más de medio millón de personas sin electricidad.
“El objetivo inmediato es despejar las rutas críticas, especialmente las que conducen a hospitales e instalaciones esenciales”, informó el primer ministro Andrew Holness en un comunicado. El mandatario, que declaró al país “zona catastrófica”, supervisó personalmente los trabajos de limpieza en la parroquia de Saint James, una de las más golpeadas.
Equipos municipales, apoyados por la Policía y los servicios de emergencia, trabajan sin descanso para retirar árboles, escombros y postes caídos. Las autoridades también enfrentan crecientes preocupaciones por la acumulación de residuos y los riesgos sanitarios derivados de las inundaciones.
El primer ministro confirmó además que la mayoría de los aeropuertos ya retomaron operaciones, con excepción del Internacional Sangster, en Montego Bay. “Aunque sufrió daños estructurales, la pista permanece intacta y se avanza hacia una reapertura gradual”, explicó.
Melissa tocó tierra como un huracán categoría 5 en el municipio de Saint Elizabeth, en el suroeste de Jamaica, causando estragos en viviendas, carreteras y servicios públicos. El fenómeno, ahora degradado a categoría 2, se desplaza hacia Bermudas tras sembrar destrucción en Haití, Jamaica y Cuba, según el Centro Nacional de Huracanes de Estados Unidos.
Las autoridades jamaicanas advirtieron que la recuperación podría tardar semanas, mientras miles de personas permanecen incomunicadas o desplazadas por el paso del ciclón más poderoso que ha golpeado la isla en años.

