La presidenta de Honduras, Xiomara Castro, encendió el debate internacional con un contundente discurso durante la cumbre de líderes de la COP30 en Belém, Brasil, al responsabilizar directamente al capitalismo de la crisis ambiental global. En su intervención, la mandataria afirmó que este sistema económico “devora los bosques, seca los ríos y condena al hambre y al desplazamiento a millones de seres humanos”, convirtiéndose —según sus palabras— en el “principal perturbador ambiental del planeta”.
Castro advirtió que el cambio climático ya no es una amenaza futura, sino “una herida abierta que sangra en nuestros pueblos”, y reclamó acciones urgentes para detener lo que calificó como “atrocidades” cometidas contra la Tierra. Subrayó que el planeta “tiene derecho a vivir libre de abusos, explotación y violencia”, haciendo un llamado a las potencias y corporaciones a asumir su responsabilidad.
Durante su discurso, la presidenta hondureña lamentó que los países tropicales, a pesar de ser “la reserva vital de oxígeno que sostiene al mundo”, sean los más afectados por la desigualdad climática. Denunció que “solo 100 corporaciones generan el 71 % de las emisiones contaminantes”, mientras que el norte global —con apenas el 10 % de la población mundial— produce más de la mitad de los gases que destruyen el clima.
En un tono enérgico, reiteró sus siete propuestas para cambiar el rumbo de la política ambiental global. Entre ellas destacan la conversión de parte de la deuda externa en inversiones ecológicas, el cese inmediato de las guerras que “devastan el planeta”, sanciones a la sobreexplotación marina, la reducción del consumo desmedido de recursos naturales y la inclusión de los delitos ambientales en la Corte Penal Internacional.
Castro también exigió que el “genocidio” contra el pueblo palestino no quede impune y condenó el “lucro depredador” de las potencias industrializadas. Reafirmó además el respaldo de Honduras a la iniciativa “Bosques Tropicales para Siempre”, impulsada por el presidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva, al considerar que “la justicia climática exige reconocer el valor económico y moral de los pueblos que protegen la naturaleza”.
“La justicia ambiental es la base de la justicia social, y la defensa del bosque es también la defensa de la democracia”, concluyó Castro, en uno de los discursos más aplaudidos y comentados de la cumbre, que dejó claro que Honduras pretende alzar la voz contra lo que considera un modelo global que amenaza la supervivencia del planeta.


