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Puentes colapsados y comunidades aisladas: Olancho sufre los estragos de las lluvias

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Las intensas lluvias que azotan Olancho han dejado a su paso un panorama desolador: caminos rotos, puentes colapsados y comunidades completamente incomunicadas. El agua, que muchos esperaban como alivio tras meses de sequía, hoy representa destrucción y aislamiento para cientos de familias rurales.

En Juticalpa, aldeas como Cayo Blanco, El Bijagual y El Higuerito quedaron aisladas luego de que la creciente de los ríos arrasara con los vados y cajas puentes. La aldea Zopilotepe también quedó incomunicada tras el desbordamiento de la quebrada El Morroco, principal vía de acceso hacia Patuca.

Gualaco y Concordia viven situaciones similares: derrumbes, vías dañadas y sectores sin acceso, lo que complica el transporte de personas, alimentos y ayuda.

El campo, entre el lodo y el abandono

Para los productores agrícolas, el impacto ha sido desigual. Allan Pagoada, vicepresidente del Programa Nacional de Granos Básicos (Prograno), explicó que las lluvias no afectaron directamente las cosechas, ya que gran parte de la producción había sido recogida. Sin embargo, advirtió que los mayores daños ocurrieron meses atrás, cuando una sequía prolongada arrasó con los cultivos al inicio del ciclo agrícola.

“El clima nos golpea sin equilibrio: primero con la sequía, ahora con el exceso de agua”, lamentó.

Los productores también enfrentan el bloqueo de caminos rurales, lo que impide movilizar sus productos, sumado a una creciente incertidumbre financiera. “No pedimos que nos perdonen las deudas, solo pedimos readecuaciones, pero nadie responde”, agregó Pagoada.

Entre el abandono y el riesgo

El escenario en Olancho pone en evidencia la falta de infraestructura resiliente y de políticas públicas para enfrentar el cambio climático. Las lluvias, antes consideradas parte normal del ciclo agrícola, ahora se convierten en eventos extremos capaces de destruir comunidades en pocas horas.

Las zonas rurales, que ya enfrentaban precariedades, ahora lidian con aislamiento, pérdida de medios de vida y abandono institucional.

La advertencia de los productores es clara: sin carreteras, sin apoyo y sin previsión, el campo se hunde. Y con él, la seguridad alimentaria de miles de familias.

Imagen de Puentes caídos y caminos rotos: Olancho paga el precio de las lluvias