Desde finales de septiembre de 2025, Honduras ha enfrentado una serie de lluvias intensas provocadas por una vaguada en superficie, que ha generado condiciones atmosféricas inestables y precipitaciones dispersas acompañadas de tormentas eléctricas en gran parte del país. Estas lluvias han tenido un impacto significativo en diversas regiones, resultando en pérdidas humanas, daños materiales y desplazamiento de miles de personas.
Hasta el 17 de octubre de 2025, se han reportado al menos 15 muertes relacionadas con las lluvias, incluyendo a menores de edad y adultos que perdieron la vida por sumersión o caída de árboles en distintas regiones del país. Además, más de 28,000 personas han sido afectadas por las precipitaciones, los derrumbes y las inundaciones. Un total de 2,490 personas han sido damnificadas, y 360 han tenido que ser evacuadas debido a los daños ocasionados por estos fenómenos climáticos.
Las lluvias han dejado 1,749 viviendas dañadas y 68 completamente destruidas, principalmente en los departamentos de Francisco Morazán, La Paz, Lempira, Valle, Choluteca, Intibucá y Cortés. Además, 66 comunidades permanecen incomunicadas debido a derrumbes, inundaciones y deslizamientos.
La Secretaría de Gestión de Riesgos y Contingencias Nacionales (Copeco) ha declarado Alerta Roja en los departamentos de Francisco Morazán, Lempira, La Paz e Intibucá debido a las fuertes lluvias que afectan gran parte del territorio nacional. Además, se ha extendido la alerta amarilla para Choluteca, Valle, Comayagua y Ocotepeque, y se mantiene la alerta verde para El Paraíso, Copán, Yoro, Santa Bárbara, Cortés y Olancho. Estas medidas están vigentes por 24 horas a partir del 11 de octubre y hasta la fecha no se ha suspendido.
Copeco ha instado a la población a mantener medidas preventivas y, de ser necesario, evacuar hacia lugares seguros. Se recomienda evitar cruzar ríos o vados crecidos, asegurar techos ante vientos racheados y limpiar canaletas y desagües para reducir el riesgo de inundaciones. Las autoridades exhortan a extremar precauciones ante la posibilidad de derrumbes, deslaves y hundimientos, y reiteran su llamado a la población para mantenerse informada a través de los canales oficiales durante la evolución de este evento climático.
La situación continúa siendo monitoreada por las autoridades competentes, y se espera que las condiciones climáticas mejoren en los próximos días. Sin embargo, se mantiene la alerta ante la posibilidad de nuevas lluvias y desastres naturales.
Honduras es un país que, año tras año, enfrenta con gran vulnerabilidad los embates de la naturaleza. La recurrencia de lluvias intensas, vaguadas, huracanes y tormentas pone en evidencia la fragilidad de su infraestructura, la precariedad de sus sistemas de prevención y la limitada capacidad de respuesta ante emergencias.
Los recientes derrumbes, inundaciones y pérdidas humanas dejan claro que muchas comunidades, especialmente en zonas rurales y áreas marginales urbanas, siguen viviendo en condiciones de alto riesgo. Viviendas construidas en laderas inestables o en zonas inundables, sistemas de drenaje insuficientes, carreteras vulnerables y falta de planificación urbana adecuada aumentan la exposición a estos fenómenos.
Además, la pobreza y la desigualdad social dificultan la resiliencia de la población afectada, que con frecuencia carece de recursos para reconstruir sus hogares o reponerse tras las tragedias. La limitada inversión en infraestructura resistente y en sistemas de alerta temprana agrava la situación, dejando a miles de familias a merced de las condiciones climáticas extremas.
Esta realidad pone en evidencia la urgente necesidad de fortalecer las políticas públicas orientadas a la gestión integral del riesgo, incluyendo la educación, la planificación territorial y la modernización de la infraestructura crítica. Solo así Honduras podrá mitigar el impacto de futuros desastres y proteger a sus ciudadanos frente a la implacable fuerza de la naturaleza.






