La guerra en Ucrania llega a su cuarto aniversario como un conflicto enquistado en Europa, sin que el presidente estadounidense, Donald Trump, haya podido frenar las ambiciones de anexión de Vladimir Putin. Trump, quien prometió durante su campaña de 2025 resolver la guerra en 24 horas, reconoció durante la Junta de Paz en Washington que la situación es “un desastre” y mucho más complicada de lo que esperaba.
A lo largo de estos cuatro años, el papel de Estados Unidos ha cambiado. Bajo la administración Biden se destinó cerca de 200.000 millones de dólares en ayuda militar, económica y humanitaria a Ucrania. Con Trump, la relación con Kiev se tensó, incluyendo acusaciones directas de provocar el conflicto, aunque posteriormente hubo un acercamiento y presión sobre Zelenski para negociar un fin a la guerra.
Las recientes negociaciones en Ginebra concluyeron sin avances, y expertos señalan que no hay incentivos claros para que Putin detenga los combates. David Marples, profesor de Historia, afirma que la suspensión de suministros de misiles y aviones por Trump reduce las esperanzas de un resultado exitoso, mientras Vladislav Inozemtsev destaca que las sanciones estadounidenses han golpeado la economía rusa y podrían empujar a Moscú a considerar un plan de Trump, aunque advierte que no garantizaría décadas de paz.
Los analistas coinciden en que la guerra de desgaste continuará y que el futuro de Ucrania dependerá más del apoyo de la UE, Reino Unido y Canadá que de Estados Unidos. La resolución definitiva del conflicto, señalan, solo podría llegar con cambios profundos en el liderazgo ruso.



