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Terror en Río de Janeiro: el Comando Vermelho formó un ejército narco para enfrentar a la Policía y el resultado fue una masacre sin precedentes

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Un video captado por un dron reveló el escalofriante momento en que decenas de hombres armados, vestidos con uniformes camuflados y portando fusiles de guerra, se concentraron en lo alto del Complexo da Penha, en Río de Janeiro. Las imágenes muestran cómo el Comando Vermelho, la organización criminal más temida de Brasil, se preparaba para una batalla campal contra las fuerzas de seguridad.

Los narcos se movían como un ejército entrenado: en formación, con estrategias de combate y comunicación coordinada. Algunos llevaban chalecos antibalas y cascos tácticos; otros, fusiles de asalto capaces de perforar vehículos blindados. Según la Policía, varios de los hombres eran jefes del tráfico llegados desde distintos estados para reforzar la defensa del grupo ante el avance de los agentes.

El enfrentamiento que siguió dejó un saldo aterrador: más de un centenar de muertos, incluyendo civiles y cuatro policías, en lo que ya se considera la operación más sangrienta de la historia de Río. La selva urbana de la Serra da Misericórdia se convirtió en un campo de guerra donde los disparos no cesaron por horas.

Fuentes policiales confirmaron que la zona boscosa servía no solo como escondite, sino también como centro de entrenamiento para nuevos integrantes del Comando Vermelho, muchos de ellos adolescentes reclutados a la fuerza. En los videos incautados, los agentes hallaron también imágenes brutales de castigos y ejecuciones, reflejo del control absoluto que la facción ejerce en las favelas.

El operativo dejó las calles tapizadas de casquillos y cuerpos. Testigos hablaron de escenas dantescas: cadáveres amontonados, marcas de disparos en la nuca y rastros de sangre en las veredas. “Fue una guerra, una verdadera guerra”, relató una vecina de la zona que prefirió no dar su nombre por miedo a represalias.

Mientras las autoridades celebran la operación como un “golpe certero” al crimen organizado, las familias lloran a sus muertos y los activistas denuncian ejecuciones sumarias. Río de Janeiro vuelve a ser el escenario de una violencia sin límites, donde la línea entre la justicia y la barbarie se vuelve cada vez más difusa.

Hombres armados preparándose antes del