
Con el doble crimen perpetrado la madrugada del domingo en la residencial Altos del Trapiche, extremo oriente de Tegucigalpa, ya suman tres hermanos arrancados violentamente, mediante balas, en menos de dos semanas, del seno de una familia de escasos recursos que no tenía el dinero para despedir dignamente a sus seres queridos.
Los dos jovencitos encontrados sin vida la madrugada del domingo, eran María Fernanda Torres Sánchez y Jonathan Mauricio Torres Sánchez, de entre 20 y 25 años.
El 17 de marzo también fue asesinado Jabes Yared Torres Sánchez (22), durante un ataque contra una llantera ubicada en el anillo periférico, a la altura del desvío hacia el sector de Las Casitas, justo en el perímetro donde fueron privados de su libertad María Fernanda y Jonathan Mauricio.
La secuencia de asesinatos ha causado consternación entre familiares y vecinos, quienes exigen a las autoridades una investigación exhaustiva que permita esclarecer los hechos y deducir responsabilidades.
Según reportes, el hecho se originó la noche del sábado cuando un grupo de entre 10 y 13 hombres armados a bordo de vehículos y motocicletas llegó hasta la vivienda de los jóvenes en la aldea Las Pozas, sector de Mateo, extremo sur del Distrito Central.

Los sujetos habrían irrumpido en la casa y, bajo amenazas, levantaron prácticamente de sus camas a los hermanos, obligándolos a subir a una camioneta, según testigos de color naranja.
Un familiar denunció el hecho ante una posta policial, intentando confirmar si los dos hermanos estaban allí, creyendo que se había tratado de un operativo policial, sin obtener respuestas positivas.
Lamentablemente, horas después, durante la madrugada del domingo, los cuerpos fueron encontrados en la entrada de la residencial Altos del Trapiche, frente a una iglesia del sector.
En el área del crimen, las autoridades contabilizaron al menos 25 casquillos de bala de diferentes calibres, lo que evidencia la violencia extrema con la que se perpetró el doble asesinato. Los cadáveres presentaban perforaciones en el cráneo y el rostro.
DOLOR Y CONMOCIÓN
Equipos de Medicina Forense y agentes de la Policía Nacional realizaron el levantamiento de los cuerpos e iniciaron las investigaciones correspondientes. Trascendió que un equipo de investigadores fue asignado al caso con instrucciones precisas de atrapar a los criminales en el menor tiempo posible.
El caso ha generado mayor conmoción al conocerse que, Jabes Yared Torres Sánchez, también fue asesinado en un primer episodio violento parecido, aparentemente por los mismos gatilleros.

Según el relato de testigos y reportes, ese día, Jabes Yared se encontraba realizando sus labores habituales afuera del establecimiento cuando llegaron los desconocidos. Los atacantes abrieron fuego en al menos dos ocasiones, impactando directamente contra la integridad del joven trabajador.
En el suelo frente a la llantera quedaron manchas de sangre que mostraban la gravedad del ataque. También se encontraron dos casquillos de bala, los que están siendo corroborados con los que se descubrieron en el segundo ataque para confirmar o desvirtuar si son iguales.
El ataque fue directo y ocurrió muy cerca de la víctima, dejando al trabajador herido de gravedad en la acera del anillo periférico.
Como no llegó ninguna ambulancia rápido, las personas que estaban en la llantera y algunos conductores intentaron salvarle la vida a Jabes, un nombre sacado de la Biblia que significa “dolor”. En medio de la desesperación, varios ciudadanos lo levantaron y lo subieron a un carro particular. Lo llevaron de emergencia a un hospital donde horas después se confirmó su fallecimiento.
Esa tarde, lo que más se comentaba entre aldeanos de La Casitas, es que los criminales ya no respetan ni las sedes policiales, considerando que algo cerca de allí queda la Secretaría de Seguridad, más adelante el Complejo de la Policía Militar del Orden Público y a escasos metros, también se encuentra el nuevo plantel de Dirección Nacional de Vialidad y Transporte (DNVT) o antigua Policía de Tránsito.


