Reinaldo Rueda no pudo disfrazar la vergüenza ni el enojo. Tras la dura caída 0-2 ante Nicaragua, el técnico de la Selección de Honduras calificó el papel del equipo como “una noche negra”, dejando claro que la derrota fue un golpe devastador a las aspiraciones mundialistas y un llamado de atención que pocos imaginaron.
Molesto, desencajado y con gestos que lo decían todo, Rueda afirmó que varios jugadores llegaron al partido pensando en Costa Rica sin siquiera haber enfrentado con seriedad a Nicaragua. Para él, la desconcentración fue total. “Con lo visto hoy no ajusta para estar en el mundial”, sentenció, lamentando que su equipo fuera “blandito” ante un rival que sí mostró hambre y convicción.
El entrenador dijo que el grupo cayó en la trampa mental de querer jugar “el siguiente partido sin jugar este”, dejando escapar duelos aéreos, intensidad y compromiso. Aseguró que muchos futbolistas todavía “tienen miedo al éxito”, un problema que deberán enfrentar de inmediato si quieren sobrevivir en el cierre de la eliminatoria.
Sobre las críticas por las ausencias en la convocatoria, Rueda rechazó que quienes quedaron fuera fueran la solución. Reconoció errores tácticos, pero también apuntó a la falta de chispa y entrega de algunos jugadores que, según él, no mostraron la personalidad necesaria.
Con la presión encima y el viaje a San José a la vuelta de la esquina, el técnico afirmó que trabajarán a contrarreloj para recomponer el desastre. Sin embargo, dejó un mensaje claro y preocupante: al equipo “le faltó cabeza” y eso, en eliminatorias, se paga caro.


