Recorte letal: Estados Unidos deja a Centroamérica sin armas contra el narco

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Recorte letal: Estados Unidos deja a Centroamérica sin armas contra el narco - Las rutas del narcotráfico sobreviven a cada interdicción. La verdadera batalla está en los tribunales, no en el mar.

Los números no mienten. Cuando la Guardia Costera de Estados Unidos apenas logra incautar el 3.7 % de la cocaína que cruza el Caribe y el Pacífico rumbo al norte, el mensaje es claro: Centroamérica pierde la guerra contra el narco.

Pero quizás lo más grave no es la derrota en sí, sino la constatación de que esta guerra nunca se pensó para ganarse.

Con la eliminación de casi 1,200 millones de dólares en fondos del programa antidrogas del Departamento de Estado, la famosa línea presupuestaria de la Oficina de Asuntos Internacionales de Narcóticos y Aplicación de la Ley (INL), los países centroamericanos se enfrentan a una cruda realidad.

Deben luchar contra organizaciones criminales transnacionales sin el respaldo financiero que durante años les brindó Estados Unidos.

«Tal vez esta sea la oportunidad de repensarlo todo», sugiere Diego López, especialista del Servicio Exterior estadounidense. “Sin los programas, se obliga a Centroamérica y a sus socios a pensar diferente”.

Incautaciones que no duelen al narco

Las cifras de decomisos se presentan como logros de gobiernos centroamericanos, pero en realidad solo alimentan una ilusión de eficacia.

Los carteles no solo anticipan estas pérdidas, las presupuestan. En lugar de ser un golpe a sus operaciones, los decomisos se convierten en un simple costo operativo, como lo haría cualquier empresa con sus pérdidas.

«Las organizaciones criminales de hoy ya no son las de los 90. No son bandas improvisadas ni jefes visibles. Son corporaciones transnacionales que aplican principios de logística, gestión de riesgos y diversificación financiera», apunta López.

Estas estructuras no se quiebran con la incautación de una lancha o el arresto de un mensajero.

Se adaptan, replican rutas y reemplazan personal de bajo nivel sin dificultad. La verdadera amenaza para ellas no está en el mar ni en los retenes, sino en el congelamiento de activos.

También otras amenazas son: la extradición y, además, el desmantelamiento de sus fachadas legales.

El manual viejo de la lucha contra el narcotráfico

Los gobiernos centroamericanos aún aplican estrategias del siglo pasado, las centran en patrullajes, arrestos de bajo nivel y decomisos.

Pero el narco evoluciona. Mientras los Estados caminan, ellos corren. Utilizan comunicaciones encriptadas, empresas fachada, abogados listos para blindar sus operaciones y un poder corruptor que alcanza jueces, policías y políticos.

«Arrestar a un intermediario no significa nada si en el país vecino ya tienen al sustituto. Es una guerra de desgaste en la que ellos tienen más recursos y menos reglas», asegura López.

El enfoque actual, que se basa en reacción, no altera las estructuras del negocio. Solo los refuerza.

A mayor incautación, mayor precio en la calle. A mayor violencia, más necesidad de protección y control territorial. Todo termina por beneficiar a quienes trafican.

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La posición geográfica de países como Honduras, Guatemala, Panamá y Costa Rica los convierte en nodos clave de almacenamiento, redistribución y tránsito de droga.

Sus costas, largas y porosas, son las venas por donde corre la cocaína. Sus puertos, en muchos casos, están más conectados al crimen que a las aduanas.

Aunque fuerzas como la Fuerza de Tarea Conjunta Interagencial Sur (JIATF-S), con sede en Florida, incrementan los esfuerzos de interdicción en altamar, los resultados son mínimos.

Cuando una ruta se cierra, otra se abre. Es como presionar una esponja: el agua siempre busca por dónde salir.

El problema no es la falta de patrullas. Es la rigidez de las estrategias estatales frente a la agilidad criminal.

El narco juega ajedrez mientras los gobiernos juegan a policías y ladrones.

El verdadero miedo del narco

Lo que de verdad desestabiliza a estas organizaciones no son las persecuciones marítimas.

Son las investigaciones financieras. Son los tratados de extradición. Son los periodistas, fiscales y jueces que exponen sus redes legales. Son los gobiernos que no se dejan comprar.

Cuando los Estados dejan de perseguir lanchas y comienzan a atacar la cadena logística completa, desde los bancos hasta los intermediarios legales, ahí sí tiemblan los narcos.

“No se derrota cuando incautan unos camiones”, remarca López. “Se le derrota al desarmar su cadena de suministro. Lo mismo aplica para el narco internacional”.