El presidente ruso, Vladímir Putin, es un hombre del siglo XX: no utiliza teléfono móvil, casi no navega por internet y en reuniones toma notas a mano. Sin embargo, está obsesionado con la inteligencia artificial (IA) y la extensión de la vida mediante avances tecnológicos.
Durante una conferencia sobre IA, Putin destacó que los jóvenes rusos emplean redes neuronales en la educación, el trabajo y la vida cotidiana. Aunque él no usa IA directamente en su gestión, considera que es «el futuro de Rusia y de la humanidad».
En el evento, Putin interactuó con Grin, el primer robot humanoide ruso, y subrayó la importancia de desarrollar la IA generativa bajo control estatal para garantizar la soberanía tecnológica. También anunció inversiones en centros de procesamiento de datos vinculados a centrales nucleares y defendió que los algoritmos reflejen «los valores tradicionales de todos los pueblos» de Rusia.
El mandatario, de 73 años, manifestó su interés por la longevidad, mencionando conversaciones con Xi Jinping sobre biotecnología y trasplantes de órganos. Afirmó que la esperanza de vida podría extenderse hasta los 150 años gracias a los avances científicos.
Además, reveló que su hija Katerina Tíjonova dirige el Instituto de Inteligencia Artificial de la Universidad Estatal de Moscú, consolidando un vínculo familiar con la investigación tecnológica y la estrategia digital del país.


