En un momento en que la tensión política crece y las especulaciones se multiplican, Ana Paola Hall, presidenta del Consejo Nacional Electoral, rompió el silencio con un mensaje claro y directo: ningún resultado tiene validez si no lo emite el CNE.
Hall no se anduvo con rodeos. Aseguró que será ella quien dé la cara el día de las elecciones para anunciar a quien el pueblo haya elegido. Aunque reconoció que todos tienen simpatías políticas, dejó claro que hay un deber democrático que está por encima de cualquier preferencia.
La funcionaria también lanzó un dardo hacia adentro del propio organismo electoral, recordando a sus colegas que está prohibido opinar públicamente sobre temas que están siendo discutidos dentro del CNE. Sin ocultar su molestia, se refirió a una correspondencia interna firmada por ella que apareció de forma sorpresiva en redes sociales, y que, según sus palabras, nunca debió salir de los canales institucionales.
Durante una reunión con el sector empresarial, Hall reconoció que el cronograma electoral ha tenido tropiezos. Uno de los más preocupantes es la conectividad en los centros de votación. Recordó que ya fue un reto en las primarias y advirtió que no se puede repetir el mismo error en las elecciones generales.
Pese a todo, la presidenta del CNE insistió en que se llegará con resultados preliminares oficiales el mismo día de la elección, sin importar a quién favorezcan. También pidió a los medios su apoyo para llevar tranquilidad a la población.
Con una elección nacional a la vuelta de la esquina y señales de fracturas internas en el organismo electoral, las palabras de Hall suenan tanto a advertencia como a intento de control de daños. La credibilidad del proceso está en juego.



