Tegucigalpa- La Organización de las Naciones Unidasha puesto en el centro de la agenda regional la creciente crisis hídrica que afecta al área del Trifinio, una zona fronteriza compartida por Honduras, Guatemala y El Salvador, donde la reducción de lluvias se ha convertido en una condición cada vez más recurrente.
A través de una inversión estimada en 4.5 millones de dólares, el organismo internacional impulsa el proyecto “Paz sin Fronteras”, enfocado en fortalecer la gobernanza del agua en 13 municipios fronterizos.
La iniciativa busca establecer mecanismos de gestión compartida del recurso hídrico, con el objetivo de reducir tensiones locales y reforzar la estabilidad en territorios históricamente afectados por la pobreza y la migración.
El coordinador residente de la ONU en Honduras, Alejandro Álvarez, señaló que los efectos del cambio climático en la región requieren respuestas coordinadas entre países. Según explicó, la gestión del agua no solo representa un reto técnico, sino también político y social, debido a su impacto directo en las comunidades.
En paralelo, Honduras enfrenta una posible intensificación del fenómeno de El Niño, lo que podría agravar las sequías durante los ciclos agrícolas.
Ante este escenario, el ministro de Finanzas, Emilio Hércules, advirtió que la seguridad alimentaria será uno de los principales desafíos del Gobierno, por lo que se prepara una inversión de 1,500 millones de lempiras destinada a semillas y financiamiento para productores.
Las medidas forman parte de una transición hacia modelos agrícolas más resilientes, especialmente en el llamado corredor seco, que abarca zonas del sur, occidente y oriente del país. En esta región, la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura ha intervenido en al menos 42 municipios con la implementación de prácticas agrícolas adaptadas al clima.
En el sur del territorio hondureño, particularmente en Choluteca, el sur de El Paraíso y áreas de Francisco Morazán, el programa ComRural II ha promovido técnicas de diversificación de cultivos y sistemas de producción más eficientes para enfrentar la escasez de agua, en zonas marcadas por altas temperaturas y lluvias irregulares.
El occidente del país también registra avances, con más de 4,000 productores incorporados a programas de agricultura climáticamente inteligente, que incluyen cosecha de agua, sistemas de riego eficiente y cultivos protegidos para sostener la producción durante períodos secos.
De forma paralela, el Programa Mundial de Alimentos ha desarrollado intervenciones en los departamentos de La Paz, Choluteca, El Paraíso y Francisco Morazán, apoyando a pequeños productores con semillas mejoradas, capacitación técnica y sistemas de manejo de suelo y agua, incluyendo reservorios y modelos productivos integrados.
En cuanto a la producción agrícola, el país comienza a modificar su estructura de cultivos en zonas vulnerables, promoviendo especies más resistentes como el sorgo y el mijo, sin abandonar cultivos tradicionales como el maíz y el frijol, pero bajo esquemas más sostenibles.
El nuevo representante del PMA en Honduras, Nicolas Bidault, subrayó la necesidad de ir más allá de la asistencia inmediata.
Tras presentar credenciales ante la canciller Mireya Agüero, afirmó que es fundamental construir soluciones sostenibles que fortalezcan la resiliencia agrícola y la protección social de las comunidades más expuestas.
En este contexto, los distintos actores coinciden en que el desafío ya no es únicamente producir más alimentos, sino hacerlo bajo condiciones climáticas cada vez más inciertas, en un escenario donde el cambio climático está redefiniendo las reglas del campo en Centroamérica.



