Crecer en España sin documentos significa vivir con miedo y limitaciones que afectan la educación, la participación en actividades y la seguridad familiar. Niños como Samy, de 11 años, sienten la incertidumbre de poder ser devueltos a su país de origen pese a haber nacido o vivido toda su vida en España. La reciente regularización extraordinaria que propone el Gobierno español ofrecería permisos de residencia de cinco años para la infancia, ampliando los derechos de miles de menores que hasta ahora “heredan” la situación irregular de sus padres.
La experiencia de familias como la de Sofía Jiménez ilustra las dificultades: trabajos informales, trámites denegados, exclusión de comedores escolares y actividades extraescolares, e incluso discriminación social y xenofobia. Muchos niños se han visto afectados emocionalmente, preguntándose si su condición migratoria los hace “malos” ante los ojos de la sociedad.
La regularización extraordinaria promete cambiar esta realidad, otorgando estabilidad y la posibilidad de participar plenamente en la vida cotidiana. Para familias como la de Jiménez y Lavalle, la medida representa una oportunidad de dejar atrás años de miedo y exclusión, y vivir con tranquilidad mientras sus hijos crecen en España.



