Más formal: “Migración mediante TikTok: una fuente de información no confiable.”

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Alejandra Ramírez afirma que jamás habría tomado la decisión de migrar si no hubiera sido por la influencia de las redes sociales. Asegura que, de haber conocido la realidad del trayecto, nunca se habría lanzado a recorrer cerca de 8.000 kilómetros a pie en busca de una vida mejor en Estados Unidos. Lo que observaba en TikTok sobre la ruta migratoria distaba profundamente de la realidad, una realidad que, paso a paso, terminó enfrentándola de manera dura y constante.

El viaje de esta venezolana comenzó hace dos años y aún no ha concluido. Inició estudios de Derecho, pero tras el fallecimiento de su padre tuvo que abandonarlos. La situación económica en su país, donde —según relata— “el sueldo no alcanzaba para nada”, sumada a la responsabilidad de sostener a su hijo de seis años, la impulsaron a emprender la travesía junto a un grupo de compatriotas. “¿Quién no quiere darle una mejor vida a su familia?”, reflexiona.

Actualmente, con 25 años, se encuentra en Miramar, Panamá, un punto clave en la ruta del denominado “flujo inverso”, conformado por migrantes que regresan tras intentar llegar a Estados Unidos.

Históricamente considerado una barrera natural infranqueable, el Tapón del Darién se convirtió en un corredor migratorio que alcanzó cifras récord: de aproximadamente 133.000 personas en 2021 a más de 520.000 en 2023. Durante ese periodo, la selva funcionó como el principal punto de tránsito de un flujo migratorio mayoritariamente venezolano hacia el norte.

Sin embargo, en 2025 el escenario cambió de forma significativa. Con el retorno de políticas migratorias más restrictivas en Estados Unidos, el flujo hacia el norte disminuyó drásticamente, dando paso al llamado “flujo inverso”. Actualmente, miles de migrantes regresan hacia el sur, y en 2025 este fenómeno superó las 22.000 personas.

Tras dos años de un recorrido fallido, Alejandra reconoce que gran parte de su decisión estuvo influenciada por videos en TikTok difundidos por intermediarios o “coyotes”. “Ese fue, creo, el error que cometimos”, admite.

En redes sociales, la ruta migratoria era presentada de manera simplificada y engañosa, como si se tratara de un trayecto breve y sin grandes riesgos. Sin embargo, la experiencia real fue completamente distinta.

Alejandra describe un recorrido por la selva del Darién que duró cinco días y cuatro noches, mucho más de lo que le habían prometido en los contenidos que consumía en redes sociales. Durante el trayecto, la falta de alimentos y las condiciones extremas pusieron en riesgo constante a los migrantes, especialmente a los niños del grupo.

Relata también cruces de ríos peligrosos en los que los migrantes debían unirse para evitar ser arrastrados por la corriente, en condiciones que en varias ocasiones derivaron en tragedias.

De acuerdo con un informe de la Agencia de la ONU para los Refugiados (ACNUR) de 2023, una parte significativa de los migrantes se informaba a través de plataformas como Facebook y TikTok, lo que llevó a la organización a implementar campañas de concienciación sobre los riesgos del trayecto y la desinformación en redes sociales.

Tras atravesar el Darién, el recorrido por países de Centroamérica resultó relativamente menos complejo, hasta llegar a México, donde la situación volvió a agravarse debido a la presencia de grupos criminales que controlaban parte de las rutas migratorias.

Alejandra también describe experiencias extremas, como el uso del tren conocido como “La Bestia”, donde los migrantes viajan en condiciones altamente peligrosas, así como situaciones de violencia, secuestros y extorsiones.

A pesar de las dificultades, continuó guiándose por la información obtenida en redes sociales, aunque reconoce que gran parte de ella resultó ser falsa o engañosa.

Tras intentar sin éxito obtener una cita mediante la aplicación CBP One en Ciudad de México, y ante el cierre de esta vía tras cambios en la política migratoria estadounidense, decidió finalmente regresar a Sudamérica.

Actualmente, junto a otros migrantes, permanece en Panamá a la espera de una alternativa segura para continuar su retorno, ya que el paso por la selva ha sido nuevamente prohibido por las autoridades.

Alejandra resume su experiencia como una dura desilusión: “Al final uno se estrella contra un muro; no es lo que uno buscaba”. Recuerda haber bebido agua contaminada, presenciado muertes en la selva y vivido situaciones extremas que dejaron una profunda huella en su experiencia migratoria.

En retrospectiva, considera que la información difundida en redes sociales fue engañosa: “Decían que el Darién era fácil, que en pocos días se llegaba a Estados Unidos… pero fue un engaño total”, concluye.