Jameneí se quedó en Teherán sabiendo que lo iban a atacar y murió en el corazón del poder iraní

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El líder supremo de Irán, Alí Jameneí, tomó la “elección consciente” de permanecer en su lugar de trabajo, en pleno corazón de Teherán, aun cuando sabía que se avecinaban ataques de Israel y Estados Unidos, según declaró el portavoz de Exteriores iraní, Ismail Baghaei.

De acuerdo con la versión oficial, Jameneí decidió no abandonar su despacho pese al inminente peligro. “Fue una elección consciente; él permaneció en su lugar de trabajo, en circunstancias en las que todos sabían que se aproximaba un ataque”, afirmó el funcionario en rueda de prensa.

Las autoridades iraníes insistieron en que no se trató de una falla en los protocolos de seguridad, sino de un acto deliberado. Baghaei aseguró que el ayatolá “se sacrificó por Irán” y dejó “una gran lección”, al sostener que, aunque los líderes suelen ser los últimos en ser detenidos o asesinados, en este caso “nuestro líder fue el primero”.

Irán confirmó el asesinato del clérigo de 86 años y decretó 40 días de luto oficial. La Guardia Revolucionaria calificó su muerte como un martirio, señalando que cayó en manos de “los más terribles terroristas y exterminadores de la humanidad”, y que su fallecimiento simboliza su virtud y entrega al país.

Tras el anuncio, un consejo integrado por el presidente Masud Pezeshkian, el jefe del Poder Judicial Golamhosein Mohseni Eyei y el jurista del Consejo de los Guardianes, el ayatolá Alireza Arafi, asumió el liderazgo durante el denominado “periodo de transición”.

Jameneí permaneció en el poder desde 1989, cuando asumió tras la muerte de Ruholá Jomeiní. Durante años circularon rumores sobre su estado de salud, pero su muerte en medio de un ataque ha sacudido al régimen iraní, que ahora lo presenta como un símbolo de sacrificio y lealtad absoluta a la nación.