Impacto en Reino Unido: detienen al expríncipe Andrés, le toman ADN y huellas como a cualquier sospechoso

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El Reino Unido amaneció sacudido tras la detención de Andrés Mountbatten-Windsor, hermano del rey Carlos III, en un hecho sin precedentes en la historia moderna de la monarquía británica.

Los principales periódicos británicos publicaron en sus portadas la imagen del expríncipe saliendo de la comisaría de Aylsham, en Norfolk, visiblemente agotado y en aparente estado de conmoción, reclinado en la parte trasera de un vehículo todoterreno. Aunque la fotografía oficial de la ficha policial no ha sido divulgada, la instantánea captada tras su salida ha generado una ola de reacciones.

A Andrés se le practicaron pruebas de ADN, toma de huellas dactilares y fotografías policiales, procedimientos habituales para cualquier detenido. Según la prensa sensacionalista, fue tratado “como a cualquier delincuente común”, un detalle que ha intensificado el impacto público del arresto.

El tercer hijo de Isabel II fue arrestado tras una denuncia contenida en los archivos del financiero estadounidense Jeffrey Epstein, que lo señala de haber facilitado supuestamente documentos sensibles del Gobierno británico cuando ejercía como representante especial de Comercio en la primera década de los 2000.

Agentes policiales acudieron a su residencia en la finca de Sandringham para proceder a su arresto y lectura de derechos. Posteriormente fue trasladado a la comisaría de Aylsham, donde permaneció varias horas mientras se le realizaban exámenes físicos y psicológicos para determinar si podía ser interrogado.

El caso vuelve a colocar en el centro del debate las controversias que rodearon al expríncipe tras las acusaciones de Virginia Giuffre, quien lo señaló públicamente por presuntos abusos cuando era menor de edad, en el contexto de la red vinculada a Epstein. En una entrevista pasada, Andrés negó rotundamente las acusaciones y aseguró no recordar los hechos descritos.

La detención ha generado conmoción en la sociedad británica, no solo por el perfil del implicado, sino por el simbolismo de ver a un miembro directo de la familia real sometido a un procedimiento policial ordinario, un escenario impensable hasta hace apenas unos años.