La historia de los robots se remonta al mundo antiguo, donde culturas como la griega, egipcia, china e india ya tenían conceptos de seres artificiales y autómatas. En Grecia, leyendas como la de Pigmalión, Cadmo y las creaciones de Hefesto reflejaban la idea de máquinas con apariencia humana o con funciones especiales. En Egipto, algunas estatuas de divinidades estaban articuladas y participaban en ceremonias religiosas, mostrando la creencia de que poseían un alma o “kꜣ”. En Asia, los textos chinos y budistas describían humanoides mecánicos capaces de cantar, bailar o interactuar, mientras que en India existían autómatas guardianes de reliquias. Japón desarrolló complejos juguetes mecánicos y dispositivos automáticos llamados karakuri.
Durante la Edad Media en Europa, se imaginaban cabezas parlantes y autómatas inspirados en la tradición cristiana y en la alquimia. En el Renacimiento, Leonardo da Vinci diseñó un caballero mecánico con movimientos articulados, precursor de los robots humanoides. Siglos después, inventores como Jacques de Vaucanson crearon autómatas que podían comer, beber y tocar instrumentos musicales, mientras que Wolfgang von Kempelen desarrolló El Turco, un autómata jugador de ajedrez que resultó ser operado por un humano oculto.
El siglo XIX marcó la transición hacia la robótica moderna, con inventos como el teleautomatón de Nikola Tesla y los complejos autómatas japoneses que podían servir té o pintar. A comienzos del siglo XX, el ingeniero español Leonardo Torres Quevedo desarrolló el Telekino, un sistema de control remoto, y El Ajedrecista, la primera máquina autónoma capaz de jugar ajedrez.
El término «robot» fue acuñado en 1920 por Karel Čapek en su obra R.U.R., reemplazando la palabra «autómata» y popularizando la idea de máquinas que realizan tareas humanas. Durante las décadas de 1930 y 1940 surgieron los primeros robots industriales y humanoides electrónicos, como Electro y las «tortugas» de William Grey Walter, capaces de aprender y adaptarse a su entorno. Isaac Asimov formuló las famosas «tres leyes de la robótica» en 1941, consolidando la robótica como disciplina.
En los años 1950 y 1960, George Devol creó Unimate, el primer robot industrial programable, y se desarrollaron brazos robóticos como el Stanford Arm y Versatran. Japón promovió los robots humanoides en la cultura popular con personajes como Astroboy. La década de 1970 vio la aparición de robots inteligentes como Shakey y humanoides funcionales como el WABOT-1 en Japón.
Durante las décadas siguientes, los avances tecnológicos permitieron la creación de robots con múltiples aplicaciones: brazos robóticos más precisos (SCARA, PUMA), robots educativos (Leachim), robots músicos (Wabot-2), robots exploradores como Sojourner en Marte y robots domésticos como Roomba. Honda desarrolló los humanoides P2, P3 y ASIMO, mientras que Sony presentó Aibo, un perro robótico interactivo.
En el siglo XXI, la robótica se ha expandido masivamente, con robots humanoides en laboratorios y en el espacio (Robonaut), vehículos autónomos, sistemas médicos asistidos por robot (Cyberknife), y robots modulares capaces de autorreplicarse. Los avances continúan, enfocándose en la interacción con humanos, la autonomía, la inteligencia artificial y la aplicación en la vida cotidiana.
La década de 2010 se caracterizó por mejoras a gran escala en la disponibilidad, potencia y versatilidad de los componentes robóticos comúnmente disponibles, así como por la proliferación masiva de robots en la vida cotidiana, lo que provocó tanto especulaciones optimistas como nuevas preocupaciones sociales
A finales de la década, la robótica había empezado a hacer avances a escala nanotecnológica. En 2019, los ingenieros de la Universidad de Pensilvania crearon millones de nanobots en tan solo unas semanas utilizando tecnología prestada de la madura industria de los semiconductores. Estos robots microscópicos, lo suficientemente pequeños como para ser inyectados en el cuerpo humano y controlados de forma inalámbrica, podrían algún día administrar medicamentos y realizar cirugías, revolucionando la medicina y las ciencias de la salud
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La computadora Deep Blue de IBM, que derrotó al campeón mundial de ajedrez Garri Kaspárov en 1997
