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Entre lágrimas y entierros colectivos despiden a víctimas de la masacre en Rigores, Colón

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La comunidad de Rigores, en la región del Aguán, vivió este viernes una jornada marcada por el dolor, el llanto y los reclamos de justicia durante los funerales colectivos de la mayoría de las 20 personas asesinadas en una de las peores masacres registradas en los últimos años en Honduras.

Desde tempranas horas de la mañana, familiares, vecinos y amigos acompañaron los entierros simultáneos realizados en el cementerio de la comunidad, entre escenas desgarradoras de dolor que estremecieron a toda la zona campesina del departamento de Colón.

Los pobladores despidieron a hombres y mujeres que trabajaban en el corte de palma africana y en el cultivo de maíz, frijoles, yuca y otros productos básicos. El ambiente estuvo marcado por el llanto de niños, madres y familiares que clamaban justicia por sus seres queridos.

Uno de los momentos más conmovedores se vivió durante el entierro de tres hermanas en una misma fosa, así como el sepelio de los hermanos Elmer y Wilmer Suchite, de 25 y 22 años de edad. “Yo quiero a mi abuelo”, gritaba desconsolada una niña mientras observaba el entierro de uno de sus familiares.

La Policía Nacional comenzó a desplegarse en la zona desde la noche del jueves y aseguró que mantiene abiertas las investigaciones para esclarecer el crimen. Sin embargo, entre los habitantes prevalece la incertidumbre y el temor, ya que muchos aseguran desconocer qué provocó la matanza.

Familiares de las víctimas exigieron al Gobierno una investigación inmediata y castigo ejemplar para los responsables. “Le corresponde al Gobierno y sus autoridades esclarecer este crimen y que se castigue con fuerza a sus autores”, expresó un pariente de una de las víctimas.

Algunos testimonios relatan que familiares lograron salvarse al escapar del lugar en medio del ataque armado, mientras otros pobladores denunciaron que la violencia en el Aguán continúa creciendo pese a los constantes operativos militares y policiales desarrollados en años anteriores.

La región del Aguán ha sido escenario de un histórico conflicto agrario entre campesinos y terratenientes, una problemática que durante décadas ha dejado centenares de muertos y desplazados en una de las tierras más fértiles, pero también más conflictivas de Honduras.

Pobladores de Rigores denunciaron además la falta de voluntad política para resolver el conflicto agrario y señalaron que muchos campesinos viven bajo amenazas constantes, motivo por el cual varios prefieren guardar silencio por temor a represalias.