El temor al hantavirus reaviva teorías conspirativas relacionadas con la pandemia de COVID-19.

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Un brote de hantavirus en un crucero ha reactivado teorías conspirativas en torno a las vacunas, supuestas campañas de despoblación y falsos remedios, narrativas que ya habían circulado ampliamente durante la pandemia de COVID-19.

La desinformación multilingüe, que tuvo un papel significativo en la conversación digital durante la crisis del coronavirus y llegó a influir en las respuestas de salud pública, ha resurgido pese a que la Organización Mundial de la Salud ha señalado que el riesgo para la población general derivado de los pasajeros del MV Hondius es mínimo.

En redes sociales, figuras como el fundador de InfoWars, Alex Jones, difundieron mensajes alarmistas en la plataforma X, describiendo el brote como una supuesta “alerta de confinamiento” y afirmando sin pruebas que se trataría de una “segunda fase del COVID-19 impulsada por élites globalistas”.

Otras publicaciones replicaron la narrativa de una “plandemia”, retomando un término asociado a un seudodocumental de 2020 ampliamente desacreditado por difundir información falsa sobre el coronavirus.

De acuerdo con las principales hipótesis epidemiológicas, un pasajero habría contraído la enfermedad antes de embarcar en Argentina y posteriormente habría transmitido el virus a otros viajeros durante el trayecto.

No obstante, un análisis de la AFP identificó la difusión de múltiples afirmaciones infundadas que vinculan el brote con conspiraciones sobre vacunación obligatoria, confinamientos forzados e incluso supuestos intentos de influir en procesos electorales en Estados Unidos mediante la expansión del voto por correo, sin evidencia que respalde dichas acusaciones.

Especialistas en comunicación y desinformación advierten que la reaparición de estas teorías refleja la persistencia del ecosistema de contenidos falsos surgido durante la pandemia. En este sentido, Yotam Ophir, director del laboratorio de Efectos Mediáticos, Desinformación y Extremismo de la Universidad de Buffalo, señaló que la desinformación sanitaria se ha entrelazado con identidades políticas, facilitando la activación de creencias preexistentes.

Asimismo, han reaparecido contenidos antiguos, incluyendo debates sobre posibles vacunas contra el hantavirus, declaraciones de figuras públicas y referencias a producciones audiovisuales de ficción, utilizados fuera de contexto para sostener teorías sobre una supuesta liberación intencional del virus o intereses económicos detrás de las vacunas.

Algunas afirmaciones incluso han distorsionado información científica al sugerir que el hantavirus sería un efecto secundario de las vacunas contra la COVID-19, basándose en interpretaciones erróneas de documentos de farmacovigilancia que solo lo incluyen dentro de categorías de monitoreo de eventos adversos.

Ophir concluye que muchas de estas narrativas conspirativas tienen raíces históricas profundas, algunas vinculadas a antiguas creencias sobre la manipulación deliberada de enfermedades por parte de élites. Sin embargo, destaca que en la actualidad su difusión es más rápida y masiva debido al papel de los algoritmos de redes sociales y a la amplificación por parte de actores con influencia pública en distintos ámbitos políticos.