El gobierno estadounidense sorprendió al mundo al rebautizar el Instituto de la Paz con el nombre del presidente Donald Trump, una decisión que ya desató controversia, críticas y señalamientos de abuso de poder. A la entrada del edificio en Washington ahora se lee “Instituto de Paz de Estados Unidos Donald J. Trump”, justo el mismo día en que el mandatario auspicia la firma de un acuerdo entre Ruanda y la República Democrática del Congo.
El Departamento de Estado presentó el cambio como un homenaje a lo que consideran una política exterior exitosa. Sus aliados aseguran que Trump será recordado como “el Presidente de la Paz”, argumentando que puso fin a ocho guerras y merece incluso un Nobel. Pero fuera del círculo oficialista, la reacción ha sido muy distinta.
Varios exmiembros del instituto, destituidos meses atrás, señalan que el Gobierno tomó el control del organismo por la fuerza, ignorando su autonomía legal. Un juez incluso declaró la acción como ilegal, aunque el fallo está suspendido mientras sigue la apelación.
Para críticos y organizaciones civiles, el renombramiento del instituto no es un reconocimiento diplomático, sino un acto simbólico de poder que borra el propósito original de una entidad creada para promover la paz sin banderas políticas. Pese al escándalo, el Gobierno insiste: el nombre no cambiará.



