El Poder Legislativo de Honduras enfrenta cuestionamientos tras la presentación de una iniciativa que busca cambiar la imagen del Congreso ante la ciudadanía. Impulsada por el diputado Carlos Umaña y la abogada Fátima Mena, la propuesta establece un Código de Ética que pone el respeto como eje central de la labor parlamentaria.
La medida surge tras episodios polémicos dentro del hemiciclo, como gritos, pitos, ataques personales, vestimenta con mensajes políticos, un pañal sucio dejado por un diputado y la patada protagonizada por Rasel Tomé, que han reemplazado los debates técnicos y afectado la percepción pública del Congreso. El objetivo del proyecto es que el Legislativo vuelva a ser un espacio de deliberación y no un escenario de confrontaciones estériles, promoviendo un comportamiento ejemplar tanto dentro como fuera del recinto.
Adiós a los insultos y bocinas en el Congreso
El reglamento propuesto establece prohibiciones estrictas contra el uso de lenguaje vulgar y la introducción de objetos ruidosos que interrumpan los debates. La iniciativa busca que el intercambio de ideas sea el protagonista, eliminando las tácticas de distracción que suelen empañar la discusión de temas de interés nacional. Con estas reglas, se espera que el ambiente en el Congreso sea de profesionalismo, respeto y altura institucional.
Castigos para quienes rompan las normas
El Código de Ética contempla sanciones que van desde llamados de atención verbales hasta la suspensión temporal del cargo para los infractores. Estas medidas serán aplicadas por una comisión especializada, garantizando que ningún legislador esté por encima de las normas de convivencia y decoro establecidas por ley.
El propósito es claro: quienes prioricen el escándalo sobre el trabajo legislativo deberán enfrentar consecuencias administrativas reales y tangibles, buscando así recuperar la confianza ciudadana en el Congreso hondureño.



