La crisis humanitaria que viven miles de familias hondureñas en los albergues del país se agrava con el avance silencioso de tres enemigos que ponen en jaque la salud pública: la diabetes, la hipertensión y el dengue. Médicos de la Secretaría de Salud (Sesal) trabajan contrarreloj para atender a una población vulnerable que enfrenta no solo la pérdida de sus hogares, sino también un deterioro acelerado de sus condiciones sanitarias.
En los refugios habilitados en la capital y otras zonas del país, los equipos de salud realizan jornadas diarias de atención médica, vacunación y control de enfermedades crónicas. Según la doctora Lavinia Almendárez, jefa de la Unidad de Gestión de Riesgos y Emergencias Sanitarias, al menos el 3 % de las personas albergadas padecen dolencias como hipertensión o diabetes, mientras que los casos de dengue siguen en aumento pese a los operativos de fumigación.
“Estamos garantizando atención médica continua, medicamentos y apoyo psicológico. También vigilamos la calidad del agua, la limpieza y la alimentación para evitar brotes que puedan poner en riesgo la vida de las personas”, explicó Almendárez, quien además destacó la presencia de ambulancias y equipos de emergencia en los principales albergues.
La situación es especialmente delicada entre adultos mayores, mujeres embarazadas y niños pequeños, quienes reciben atención prioritaria y suplementos nutricionales. Sin embargo, las lluvias y el hacinamiento en algunos refugios han elevado el riesgo de enfermedades respiratorias, cutáneas y gastrointestinales.
Por su parte, el jefe de la Región Metropolitana de Salud, Gilberto Ramírez, confirmó que en lo que va del año se han registrado más de 3,900 casos de dengue. Aunque no se reportan muertes, las autoridades advierten que la prevención es vital y que la colaboración ciudadana es clave para eliminar los criaderos de zancudos.
“Por más fumigaciones que hagamos, si la población no limpia sus entornos, el problema continuará. El dengue puede ser mortal, y en los albergues el riesgo se multiplica”, advirtió Ramírez.
Mientras la emergencia continúa, los equipos médicos mantienen una vigilancia permanente, conscientes de que en los refugios del país no solo se libra la batalla contra la pobreza y el desplazamiento, sino también contra las enfermedades que amenazan la vida de miles de hondureños.



