La intervención militar de Estados Unidos en Irán empieza a reflejarse en un alza de los precios de la energía y en creciente incertidumbre financiera, generando un riesgo económico y político para el Gobierno de Donald Trump si el conflicto se prolonga. Expertos advierten que la inflación, el mercado laboral debilitado y los cambios en la política arancelaria podrían agravarse, afectando directamente el bolsillo de las familias estadounidenses.
El cierre parcial del estrecho de Ormuz y la necesidad de desviar el transporte de bienes incrementan los costes de suministro, mientras el precio del petróleo ha subido alrededor de 17 % y la gasolina se encarece entre 10 y 20 centavos por galón. La Casa Blanca ha comenzado a implementar medidas para calmar los mercados energéticos, incluyendo seguros para navieras y escoltas militares a mercantes, mientras defiende la gestión de Trump y su liderazgo en la producción de petróleo y gas, además de impulsar el uso del crudo venezolano.
Los analistas advierten que, si la guerra se prolonga, los estadounidenses enfrentarán mayores dificultades para cubrir el costo de la vida y se retrasará cualquier alivio económico esperado por la población.



