China calificó de «farsa» el viaje del presidente de Taiwán, William Lai, a Esuatini y criticó su salida de la isla «de forma encubierta» en un avión extranjero. Las declaraciones se produjeron tras su desplazamiento al país africano, realizado días después de que una visita previa fuera cancelada debido a problemas con permisos de sobrevuelo, situación que Taipéi atribuye a presiones de Pekín.
En un comunicado difundido el sábado, el Ministerio de Exteriores chino afirmó que Lai abandonó Taiwán pocas horas después de un terremoto, «ignorando el sustento de la población» y «malgastando fondos públicos», describiendo su actuación como un «hazmerreír internacional».
Por su parte, la Oficina de Asuntos de Taiwán del Consejo de Estado calificó el viaje como un «truco» sin valor diplomático y acusó al mandatario de actuar de forma «furtiva» para llegar a Esuatini tras el fracaso de su desplazamiento anterior, cuestionando además su gestión ante la emergencia sísmica.
Ambas instituciones reiteraron su rechazo a las iniciativas internacionales de Taipéi y sostuvieron que dichas acciones no modifican la posición mayoritaria de la comunidad internacional respecto a la isla.
En contraste, el Ministerio de Asuntos Exteriores de Taiwán defendió que el carácter discreto del viaje responde a prácticas habituales en diplomacia internacional. En un comunicado publicado el domingo, señaló que anunciar este tipo de visitas una vez que el mandatario ha llegado a su destino es una práctica con múltiples precedentes por razones de seguridad y gestión diplomática, y afirmó que el desplazamiento de Lai se ajusta a la legislación taiwanesa y a las normas internacionales.
La reacción de Pekín se produjo después de la llegada de Lai a Esuatini, único aliado diplomático de Taiwán en África, en lo que constituye su segundo viaje internacional desde que asumió el cargo en mayo de 2024. La visita había sido previamente frustrada por la revocación de permisos de sobrevuelo por parte de Seychelles, Mauricio y Madagascar.
El Gobierno taiwanés atribuyó entonces esas restricciones a presiones de China y denunció una «coerción económica», calificando la situación como un hecho «sin precedentes» en sus relaciones exteriores.
Finalmente, Lai afirmó que Taiwán «no se dejará disuadir por presiones externas» y defendió la continuidad de sus vínculos internacionales pese a las dificultades.



