Hubo una época en la que la industria del entretenimiento parecía imponer un límite de tiempo a la carrera de las mujeres. Sin embargo, Cherilyn Sarkisian, conocida mundialmente como Cher, llegó para desafiar esa norma y consolidarse como una auténtica leyenda de la cultura pop.
Este miércoles, Cher celebra su 80º cumpleaños en la cima de la reinvención artística, aunque en el ámbito personal atraviesa una situación compleja debido a la tutela legal de su hijo menor, Elijah Blue Allman, quien enfrenta graves problemas de adicción.
La cantante estadounidense, nacida en El Centro, California, solicitó en abril la tutela de su hijo, actualmente ingresado en un centro psiquiátrico a causa de problemas de salud mental y antecedentes recientes de conducta delictiva. La decisión busca garantizar la administración de sus finanzas y la toma de decisiones médicas, con el objetivo de proteger los recursos de su fideicomiso y evitar que sigan siendo utilizados para sostener su adicción.
Una carrera marcada por la reinvención
La situación personal que atraviesa Cher contrasta con una trayectoria profesional extraordinaria, iniciada a mediados de los años 60 junto a su entonces esposo Sonny Bono, con quien formó un dúo que se convirtió en un fenómeno televisivo y musical, definiendo parte de la estética cultural de la era hippie.
El dúo alcanzó gran popularidad con temas como I Got You Babe, pero fue en su carrera en solitario donde Cher consolidó plenamente su identidad artística, demostrando que su talento trascendía cualquier colaboración previa.
A lo largo de las décadas, la artista ha transitado con naturalidad entre estilos como el folk en Gypsys, Tramps & Thieves y el rock de estadio en If I Could Turn Back Time, logrando una versatilidad que la convierte en una de las pocas artistas capaces de encabezar las listas de Billboard en diferentes décadas, desde los años 60 hasta la década de 2020.
Su influencia, sin embargo, no se limita a la música. En la década de los 80, Cher consolidó también una destacada carrera en el cine, con interpretaciones memorables en producciones como Silkwood (1983), junto a Meryl Streep, y Mask (1995).
El punto más alto de su carrera cinematográfica llegó en 1988, cuando obtuvo el Óscar a la mejor actriz por Moonstruck. Aquella noche no solo marcó un hito en su trayectoria profesional, sino también en la cultura popular, al desafiar convencionalismos con un icónico vestido transparente diseñado por Bob Mackie.



