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Catorce meses sin justicia: el asesinato de Juan López sigue impune en el Aguán

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Hoy se cumplen 14 meses del asesinato del ambientalista hondureño Juan López, ocurrido cuando salía de la iglesia en la colonia Favio Ochoa, en Tocoa.
Catorce meses después, el caso continúa sin avances significativos y sin una sola pista firme que señale a los autores intelectuales de un crimen que estremeció al Bajo Aguán y generó indignación a nivel nacional e internacional.
Para su familia, sus amigos y las comunidades que acompañó, la herida sigue abierta. La ausencia de justicia mantiene viva la sensación de que el asesinato de Juan López no fue un hecho aislado, sino un mensaje de poder dirigido a quienes defienden la tierra y los bienes comunes en la región.
El proceso en manos del Ministerio Público avanza con una lentitud que desespera. “No hay capturas, no hay señalados, no hay claridad. Solo silencio”, lamenta uno de sus compañeros del Comité de Bienes Comunes de Tocoa.
Defensores ambientales sostienen que la falta de resultados no es casualidad. Señalan que detrás del crimen operó una estructura capaz de planificar, ejecutar y luego diluirse entre la ineficiencia institucional. El caso de Juan, afirman, responde a un patrón que se ha repetido en el Aguán: eliminar al líder, silenciar la voz, bloquear la justicia.
Juan López no era una figura desconocida. Era un referente comunitario que participó en denuncias públicas, acompañó luchas territoriales y se convirtió en una voz incómoda para sectores económicos y políticos con intereses en proyectos extractivos.
Su asesinato golpeó profundamente porque representó un ataque directo contra quienes defienden la vida, el territorio y los derechos colectivos.
En la iglesia donde asistía, algunas personas aún bajan la mirada al escucharse su nombre. No por desinterés, sino por miedo. Varios admiten que tras su muerte dejaron de reunirse o de denunciar.
Sin embargo, también persiste la resistencia. Las comunidades del Aguán siguen hablando de él en presente. En cada protesta, reunión o vigilia, su nombre se mantiene como un recordatorio de que la justicia no debe ser un privilegio ni negociarse con intereses.