//

Brasil en vilo: el país teme una ola de venganza del Comando Vermelho tras la sangrienta “Operación Contención” en Río de Janeiro

306 views
3 mins read

El aire en Brasil huele a miedo. Detrás de los más de 120 cuerpos que dejó la llamada “Operación Contención”, lo que reina ahora es la incertidumbre. En las calles, en los despachos y en las cárceles, todos se hacen la misma pregunta: ¿qué va a pasar después? La posibilidad de una represalia del Comando Vermelho mantiene en tensión a todo el país.

El gran ausente de la operación, Edgar Alves Andrade, alias Doca da Penha o “Urso”, uno de los jefes más buscados de la organización, sigue prófugo. Su nombre provoca escalofríos entre los agentes de seguridad: temen que esté preparando una contraofensiva sangrienta. Los más veteranos recuerdan con terror los ataques de 2006 en São Paulo, cuando el PCC paralizó la ciudad con asesinatos y atentados coordinados.

Las autoridades han ordenado el traslado de los principales líderes del Comando Vermelho a cárceles de máxima seguridad. Pero el miedo no se disipa. Investigadores sostienen que parte de la reacción armada, con drones bomba y rifles de asalto, fue coordinada desde dentro de una prisión. “El Comando Vermelho nació en las cárceles, y desde las cárceles sigue mandando”, admitió una fuente policial.

Las redes sociales afines a la facción han encendido aún más los ánimos. En una publicación, seguidores de Marcinho VP calificaron la operación como “una masacre” y acusaron al gobierno de “matar inocentes”. Mientras tanto, en las favelas, los familiares de las víctimas velan a sus muertos en plazas públicas, en medio del silencio sepulcral que sigue al caos.

El gobierno de Río defiende la operación como un “éxito”, pero el país entero se pregunta si el precio fue demasiado alto. Detrás del discurso oficial se esconde el temor a una guerra abierta entre el Estado y el crimen organizado. Las milicias, los narcos y los políticos se mueven como piezas de un tablero que amenaza con incendiarse.

A nivel nacional, la tensión política es evidente. Lula guarda silencio, mientras el Congreso prepara una comisión para investigar los abusos policiales. En el exterior, la ONU pide explicaciones y Estados Unidos exige que Brasil clasifique al Comando Vermelho como organización terrorista.

En Río, la gente apenas sale de noche. Los autos calcinados siguen marcando las esquinas de la Penha y el Alemão, y el ruido de los helicópteros no ha cesado. Nadie sabe cuándo volverá la calma. Brasil, una vez más, se encuentra ante un abismo: la paz pende de un hilo, y la venganza podría estar a punto de comenzar.

La gente alinea los cadáveres