La noche del tres de agosto se registro un nuevo accidente de transito donde lamentablemente perdio la vida un motociclista sumandose a una extensa lista la cual sigue extendiendose cada dia, esto sucede por varios factores, aunque principalmente se debe a la imprudencia que se ha visto reflejada en «PIQUES» donde desafortunadamente al menos un centenar de jovenes han perdido la vida.
La sangre de centenares de hondureños sigue recorriendo las carreteras del país, al reportarse en lo que va del año más de 1,000 muertes en accidentes viales, en su mayoría motociclistas, algunos de ellos en “piques” o carreras clandestinas y urbanas.
Diariamente, miles de jóvenes observan cómo motociclistas aceleran a fondo de forma imprudente en calles angostas, avenidas y bulevares, poniendo en riesgo sus vidas y generando competencia entre apasionados de los vehículos de dos ruedas.
No siempre terminan bien, pues muchos desafían la muerte sin contar con la suerte de algunos que, desafortunadamente, no viven para relatar su historia.
Este año, las muertes por accidentes viales superan las 1,000, con un 70% de motociclistas involucrados, según la Dirección Nacional de Vialidad y Transporte (DNVT).
La subinspectora Riccy Montoya informó que en 2024 se registraron 1,117 muertes, cifra que disminuyó a 1,088 en 2025, evidenciando una reducción de 29 casos.
En cuanto a lesionados, en 2024 hubo 2,072, y en 2025, 2,014, reflejando una disminución de 58.
La imprudencia de muchos motociclistas en Honduras se ha convertido en una de las principales causas de tragedias en las carreteras. Con frecuencia, los motociclistas conducen sin respetar las normas de tránsito, sin portar el equipo de protección adecuado, y en algunos casos participan en piques clandestinos, exponiéndose no solo ellos sino también a peatones y otros conductores a situaciones de alto riesgo.
Cada año, decenas de jóvenes pierden la vida por exceso de velocidad, adelantamientos temerarios, uso del celular mientras manejan o por no respetar los semáforos. El problema no es solo la imprudencia individual, sino también la falta de educación vial, el poco control policial en muchas zonas, y la normalización de estas prácticas peligrosas como si fuesen parte de la “cultura motorizada”.
Los motociclistas deben tomar conciencia de que una moto, por pequeña que parezca, puede ser tan letal como un vehículo pesado si se maneja irresponsablemente. Más allá del dolor que deja cada muerte, los accidentes en motocicleta afectan a familias enteras, colapsan hospitales y ponen presión sobre los sistemas de emergencia.
Honduras necesita un cambio urgente en la cultura vial. Se requiere más vigilancia, mejores campañas de prevención, sanciones firmes para quienes infringen la ley… pero, sobre todo, una transformación en la mentalidad de quienes manejan. Porque cada vida que se pierde en el asfalto por imprudencia es una tragedia que pudo evitarse.



