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¿Nos convertimos en una sociedad consumista? Cada vez producimos menos de lo que comemos

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Hace algunos años era común encontrar en los patios de las casas hondureñas pequeñas huertas con tomate, chile, culantro, yuca, plátano o algunos árboles frutales. Hoy esa realidad parece quedar atrás. En muchos hogares ya no se siembra ni siquiera un poco de culantro, y la mayoría de los alimentos que llegan a la mesa son comprados en mercados o supermercados.

El cambio en el estilo de vida ha llevado a que gran parte de la población dependa casi por completo del consumo, dejando de lado la producción de alimentos para el autoconsumo. Aunque las ciudades han crecido y muchas familias disponen de menos espacio para cultivar, también ha disminuido el interés por mantener pequeños huertos familiares.

Especialistas consideran que esta situación responde a varios factores. La urbanización, las largas jornadas laborales, el acceso a productos importados y la facilidad para comprar alimentos han reducido la costumbre de sembrar en casa. A esto se suma que muchas de las nuevas generaciones han crecido sin aprender las prácticas agrícolas que antes se transmitían de padres a hijos.

El resultado es una mayor dependencia del mercado. Cuando aumentan los precios de las verduras, frutas o granos básicos, miles de familias no cuentan con una alternativa para producir parte de sus propios alimentos, lo que afecta directamente la economía del hogar.

Un pequeño huerto puede marcar la diferencia

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En las zonas rurales todavía existen familias que cultivan para su consumo, pero incluso allí muchas personas han reducido sus siembras debido al alto costo de los insumos, el cambio climático y la migración hacia las ciudades.

Más allá del aspecto económico, recuperar la cultura de sembrar representa beneficios para la alimentación, la salud y el medio ambiente. Un pequeño espacio puede ser suficiente para cultivar culantro, cebollín, chile, tomate o hierbas aromáticas, productos que forman parte de la dieta diaria de los hondureños.

La reflexión es clara: como sociedad estamos consumiendo cada vez más y produciendo cada vez menos. Volver a sembrar, aunque sea una pequeña parte de lo que comemos, no solo ayuda a reducir gastos, sino que también fortalece la seguridad alimentaria y rescata una tradición que durante décadas caracterizó a las familias hondureñas.