La actitud irascible y los estallidos de ira de Elon Musk han quedado evidenciados durante el juicio relacionado con OpenAI.

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El presidente de OpenAI, Greg Brockman, declaró este martes ante un tribunal en California que llegó a temer una posible agresión física por parte de Elon Musk durante una reunión relacionada con la distribución accionaria de una filial con fines de lucro vinculada a la empresa desarrolladora de ChatGPT.

Durante el quinto día de testimonios en el juicio contra OpenAI —proceso que busca determinar si la organización incumplió su misión original sin fines de lucro— salieron a la luz episodios de comportamiento irascible atribuidos al empresario.

Brockman relató que, en una reunión celebrada en 2017, Musk reaccionó con enojo al exigir el control de la compañía en medio de discusiones sobre la estructura accionaria. “Algo cambió en él. Era perceptible. Estaba molesto, alterado”, afirmó el directivo, quien señaló que en ese momento temió por su integridad física.

Según información citada por CNBC, Musk habría rechazado la propuesta planteada y, en un gesto de frustración, retiró de la pared un cuadro que representaba un Tesla Model 3 antes de abandonar la sala de manera abrupta.

El presidente de OpenAI también indicó que, con anterioridad, Musk propuso una fusión con Tesla; sin embargo, dicha iniciativa fue descartada por los fundadores de la organización, quienes no tenían interés en incursionar en la industria automotriz.

Asimismo, Brockman fue consultado sobre el rol de Shivon Zilis, exmiembro del consejo de administración de OpenAI, quien habría actuado como intermediaria entre Musk y los cofundadores antes de incorporarse posteriormente a trabajar con el empresario.

A lo largo de dos días de declaración, Brockman sostuvo con firmeza que no engañó al también fundador de SpaceX, en respuesta a las acusaciones formuladas por Musk, quien afirmó que tanto él como el director ejecutivo Sam Altman “se apropiaron de una organización con fines benéficos”.

En su propio testimonio, Musk señaló que consideraba un error haber aportado aproximadamente 38 millones de dólares en financiación “prácticamente gratuita” a OpenAI, organización que posteriormente evolucionó hasta convertirse en una empresa valorada en cientos de miles de millones de dólares.

El empresario acusa a OpenAI, así como a Brockman, Altman y Microsoft, de incumplimiento contractual y enriquecimiento injusto, argumentando que la compañía ha desviado su misión original en favor de intereses comerciales.

Por su parte, OpenAI ha desestimado la demanda, calificándola como un intento motivado por rivalidad empresarial y orientado a obstaculizar a un competidor directo.