La Biosfera del Río Plátano, reconocida como Patrimonio de la Humanidad, enfrenta una de las crisis ambientales más severas de su historia, marcada por la expansión de actividades ilícitas como el narcotráfico, la minería ilegal y la ganadería extensiva.
En esta importante reserva natural convergen múltiples amenazas, entre ellas la deforestación acelerada, la apertura de caminos clandestinos y la contaminación de fuentes hídricas, configurando un panorama de deterioro ambiental sostenido.
De acuerdo con diversos estudios, en los últimos 25 años se han perdido más de 650 mil hectáreas de bosque, producto de la instalación de narcopistas, cultivos ilícitos y explotación minera. Estas actividades, según denuncias, avanzan mediante el uso de maquinaria pesada que abre brechas en la selva para facilitar operaciones ilegales y expandir territorios bajo control criminal.
Pobladores y ambientalistas aseguran que instituciones como las Fuerzas Armadas y el Ministerio Público tienen conocimiento de estos hechos, respaldados por evidencias geográficas; sin embargo, consideran que las acciones ejecutadas han sido insuficientes.
Asimismo, señalan que los operativos realizados no han derivado en capturas, a pesar de que se conoce la identidad de algunos responsables, presuntamente vinculados al narcotráfico.
En la zona, denuncian, el control territorial es ejercido por grupos armados y actores ligados a la minería y la ganadería, quienes mantienen bajo constante amenaza a comunidades indígenas y defensores del medio ambiente.
La crisis también ha cobrado vidas. Según testimonios locales, al menos cuatro personas han fallecido soterradas en explotaciones mineras, reflejando los riesgos de estas actividades ilegales.
Habitantes reportan además la presencia de al menos 14 máquinas operando en sectores como Agua Muerta, en Wuinatara, donde la actividad extractiva continúa en expansión. En zonas como Walpatara y Ulukwas, se ha documentado la apertura de caminos y la práctica de minería a cielo abierto dentro de áreas protegidas.

En Camalotales, se denuncia la construcción de una vía que ingresa a la zona núcleo desde Tulito, atravesando el río Paulaya, sin que se hayan adoptado medidas efectivas para detener su avance.
Imágenes satelitales también evidencian la destrucción de aproximadamente 14 mil hectáreas en las cercanías del río Tuskruwas, afluente del río Sicre. Aunque se reportó una intervención en el área, pobladores indican que no se registraron detenciones y temen nuevas invasiones.

Los denunciantes advierten que los pocos remanentes de bosque virgen son cada vez más reducidos, mientras colonos continúan ampliando la frontera agrícola.
Ante este panorama, defensores de la biosfera alertan que la zona se encuentra en estado crítico y demandan atención urgente. Asimismo, hacen un llamado a la comunidad internacional para intervenir, al considerar que las acciones a nivel nacional han sido insuficientes para frenar el avance de este ecocidio.



