El Gobierno cubano se enfrenta a un escenario crítico marcado por la posibilidad real de un desabastecimiento total de combustible, una situación que amenaza con paralizar al país y que ha obligado a las autoridades a desempolvar viejas estrategias de supervivencia aplicadas durante uno de los periodos más duros de su historia reciente.
En una comparecencia televisiva poco habitual, el presidente Miguel Díaz-Canel reconoció que la crisis energética que atraviesa la isla es compleja y que la población deberá enfrentar tiempos extremadamente difíciles tras la interrupción del suministro petrolero desde Venezuela, que en los últimos años cubría una parte clave de las necesidades energéticas del país.
La magnitud del problema queda reflejada en dos datos contundentes: Cuba no recibe combustible del exterior desde diciembre y ha tenido que paralizar buena parte de su generación eléctrica basada en diésel y fueloil, lo que representa cerca del 40 % de su matriz energética. A esto se suma que la isla depende en gran medida de las importaciones para sostener su consumo energético.
Ante la escasez, las autoridades han optado por priorizar la limitada generación eléctrica disponible para sostener durante el día las actividades económicas esenciales, como el riego agrícola y el funcionamiento de entidades productivas, dejando al resto del país expuesto a prolongados apagones y restricciones.
Díaz-Canel evitó detallar un plan concreto para evitar el colapso, pero aseguró que el Gobierno no renunciará a recibir combustible del exterior y que se realizan gestiones para reactivar los ingresos energéticos. Sin embargo, admitió que las medidas en marcha exigirán grandes sacrificios y tendrán un impacto severo en sectores vitales como la producción y transporte de alimentos, el transporte público, los hospitales, las escuelas, la economía y el turismo.
En este contexto, el mandatario confirmó la reactivación de medidas de emergencia inspiradas en las directrices del llamado Periodo Especial, tras la caída del bloque soviético. Entre ellas, vuelve a tomar fuerza la denominada “opción cero”, un plan diseñado para sobrevivir sin petróleo importado, que contempla racionamientos extremos, autosuficiencia alimentaria, uso de tracción animal, carbón vegetal para cocinar y transporte no motorizado, ahora adaptado a las condiciones actuales.
La crisis energética que vive Cuba no es nueva, pero se ha profundizado desde mediados de 2024 debido a las constantes averías de sus envejecidas termoeléctricas y la falta de divisas para importar combustibles. La pérdida del suministro venezolano, sumada a las nuevas presiones internacionales que amenazan a quienes comercien petróleo con la isla, ha dejado al país en una situación límite.
Expertos advierten que, sin nuevos envíos de crudo, Cuba podría entrar en una fase aún más grave de la crisis, con consecuencias directas sobre la vida cotidiana de millones de personas. Hasta ahora, en lo que va del año, la isla apenas ha recibido un solo cargamento de petróleo, insuficiente para evitar que el fantasma del colapso energético vuelva a recorrer las calles del país.


