Irán y Estados Unidos sostendrán mañana en Mascate, Omán, nuevas negociaciones nucleares en un contexto tenso marcado por amenazas militares de Washington y profundas diferencias sobre el programa de misiles balísticos iraní, que EE.UU. busca limitar mientras Teherán se niega a ceder.
El encuentro, previsto para las 10:00 hora local (06:00 GMT), reunirá al ministro iraní de Exteriores, Abás Araqchí, y al enviado especial estadounidense, Steve Witkoff, siendo el primer contacto directo desde la guerra entre Irán e Israel en junio pasado. La reunión se produjo tras varias rondas de mediación diplomática entre países de la región, incluyendo Egipto, Catar, Turquía y Arabia Saudí, y luego de desacuerdos sobre el lugar de la negociación, que finalmente se fijó en Mascate con solo representantes iraníes y estadounidenses.
Estados Unidos exige que la agenda incluya, además del programa nuclear, limitaciones a misiles balísticos y cese del apoyo a grupos como Hamás, Hizbulá y los hutíes del Yemen. Irán, por su parte, rechaza negociar su arsenal de misiles con alcance de hasta 2.000 km, suficiente para alcanzar Israel. Estas diferencias ya paralizaron las negociaciones del año pasado, tras la guerra Irán-Israel y los bombardeos de Washington sobre instalaciones nucleares iraníes.
El presidente estadounidense, Donald Trump, reiteró sus amenazas contra Teherán y advirtió que el líder supremo Ali Jameneí «debería estar muy preocupado», comparando la situación con la operación que permitió capturar a Nicolás Maduro en Venezuela.
El contexto interno de Irán agrava la tensión: las violentas protestas de enero dejaron, según cifras oficiales, 3.117 muertos, mientras organizaciones opositoras estiman más de 6.800 y continúan verificando más de 11.000 posibles fallecimientos, junto a más de 40.000 arrestos. La relatora especial de la ONU para Irán, Mai Sato, advirtió que informes médicos internos sugieren hasta 20.000 muertos, aunque estas cifras aún no han sido corroboradas.
La reunión de mañana se desarrolla en un momento crítico para la República Islámica, con la economía colapsada, la peor sequía en décadas y una fuerte insatisfacción social tras meses de protestas y restricciones energéticas. El mundo espera que estos contactos, bajo intensa presión militar y diplomática, logren un acuerdo que evite un nuevo conflicto en la región.


