Irán vivió este viernes su sexto día consecutivo de manifestaciones, motivadas por la crisis económica y derivadas en demandas políticas contra la República Islámica. Las protestas, que ya se han extendido a unas 32 ciudades, han dejado varios muertos, más de un centenar de detenidos y múltiples heridos.
En ciudades como Zahedán y Fuladshahr, los manifestantes corearon consignas contra el liderazgo clerical, entre ellas “Muerte al dictador”. En Fuladshahr se celebró el funeral de Dariush Ansari Bakhtiarvand, uno de los siete fallecidos registrados en los cinco primeros días, según la ONG opositora Hrana.
La represión se ha intensificado con detenciones y acusaciones de vínculos de los manifestantes con actores extranjeros, especialmente Estados Unidos e Israel, siguiendo un patrón de años anteriores. Las autoridades iraníes han advertido que cualquier intento de convertir las protestas económicas en “instrumentos de inseguridad” enfrentará sanciones legales.
Las manifestaciones comenzaron el domingo pasado en Teherán por comerciantes y se han extendido a ciudades como Isfahán, Mashhad, Shiraz, Kermanshah, Hamadán, Kermán, Yazd y Qom. Con el tiempo, los lemas han adquirido un tono político, reclamando el fin de la República Islámica y el restablecimiento de la monarquía, con gritos de “Pahlaví volverá” en referencia al príncipe heredero exiliado, Reza Pahlaví.
En el ámbito internacional, Estados Unidos y Australia han expresado su apoyo a los manifestantes. El presidente Donald Trump advirtió que su país podría intervenir si Irán dispara contra manifestantes pacíficos, mientras Teherán respondió que cualquier interferencia extranjera desestabilizaría la región.
Irán enfrenta, además de la crisis económica, problemas paralelos como la caída del rial, una inflación anual superior al 42 %, escasez de agua, crisis energética y una contaminación extrema que provoca cerca de 60.000 muertes al año. Estas condiciones han contribuido al creciente descontento social que mantiene al país en alerta.


