Cada año, mientras millones esperan la llegada del Año Nuevo, hay lugares que viven las primeras celebraciones y otros que se despiden del año viejo mucho después que el resto del mundo. En el extremo oriental del planeta, la isla de Kiritimati, en Kiribati, se convierte en el epicentro de la fiesta. Su ubicación sobre la línea internacional de cambio de fecha le permite adelantar el reloj con respecto al Tiempo Universal Coordinado, convirtiéndola en la primera en dar la bienvenida al nuevo año. Allí, los habitantes y visitantes celebran con bailes tradicionales, ceremonias religiosas y una energía que contagia, haciendo que quienes la visitan quieran experimentar el inicio del año antes que nadie.
En el lado opuesto, las Islas Baker y Howland, administradas por Estados Unidos, se mantienen en el tiempo unas horas más, siendo los últimos lugares en despedir el año. Aunque deshabitadas y sin grandes festejos, representan el final simbólico de un ciclo que ya ha comenzado en otras partes del mundo.
El contraste entre Kiritimati y estas remotas islas refleja cómo la línea internacional de cambio de fecha organiza nuestra percepción del tiempo y cómo la humanidad celebra de maneras tan diversas. Mientras algunos viven la llegada del año con fuegos artificiales y conciertos, otros optan por tradiciones más íntimas y familiares, pero en todos los rincones, el espíritu de renovación y esperanza se mantiene intacto, recordándonos que, sin importar la zona horaria, el Año Nuevo nos conecta a todos.


