La Navidad en Estados Unidos contrasta con la realidad de miles de familias que deben recurrir a bancos de alimentos debido a la inflación, que afecta con especial fuerza a la comunidad latina. En Los Ángeles, California, personas como Joe Nino, un hombre retirado, se forman desde las tres de la mañana en MEND (Meet Each Need with Dignity), un centro de asistencia que reparte alimentos dos veces por semana. La demanda puede llegar a 600 personas al día, especialmente durante la temporada festiva.
Victoria Hernández, quien lleva 50 años viviendo en EE.UU., comenta que su pensión no alcanza para cubrir comida y renta. La inseguridad alimentaria afecta a 47 millones de personas en todo el país, de las cuales 14 millones son latinos, según Feeding America, la red de bancos de alimentos más grande de EE.UU.
El Banco de Alimentos de Los Ángeles, con capacidad para atender a 1,2 millones de personas al mes, ha visto cómo el costo de la canasta básica ha aumentado un 60 % en los últimos meses. Aunque el Índice de Precios de Consumo (IPC) bajó en noviembre al 2,7 %, los efectos acumulados golpean también a familias con ingresos medios, conocidas como working poor, que trabajan pero no ganan lo suficiente para cubrir sus necesidades básicas.
Frente a esta situación, surgen iniciativas de solidaridad como la campaña Season of Giving de la cadena de supermercados Grocery Outlet, que busca entregar tres millones de comidas antes de fin de año. Los vecinos de comunidades como Paramount, con un 80 % de población hispana, se organizan para apoyarse mutuamente ante un sistema que, aseguran, les ha dado la espalda.


