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Chile enseña cómo debería ser un conteo electoral mientras Honduras sigue a la deriva

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El reciente proceso electoral en Chile muestra lo que debería ser la norma: rápido, transparente y respetando la voluntad del pueblo. En apenas una hora se contó el total de los votos y todos los partidos aceptaron los resultados, un ejemplo que, desde Honduras, solo podemos mirar con mezcla de asombro y frustración.

En Chile, los candidatos mantienen un trato respetuoso incluso después de la contienda. Reconocen los resultados, felicitan a los ganadores y participan de manera civilizada en los procesos de transición, mostrando que la democracia puede ejercerse sin violencia ni amenazas. En Honduras, por el contrario, las campañas terminan en ataques, acusaciones mutuas y protestas que paralizan calles y generan tensión entre los sectores políticos. La confrontación se mantiene viva incluso después de las elecciones, y la falta de acuerdo sobre los resultados prolonga la incertidumbre.

La eficiencia chilena se apoyó en tecnología confiable, control riguroso de las mesas y tradición democrática que asegura que la voz de los ciudadanos se respete sin disputas interminables. Mientras en Santiago se celebra una transición ordenada y pacífica, en Tegucigalpa y otras ciudades seguimos esperando resultados definitivos entre la confusión y la ansiedad. Chile nos recuerda que un conteo ágil y un trato respetuoso entre candidatos fortalecen la democracia. Honduras, en cambio, sigue pagando caro la desorganización y la confrontación política.

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