Estados Unidos ha ejecutado uno de sus mayores despliegues militares en décadas en el Caribe y en el Pacífico latinoamericano. Buques de guerra, aviones de combate, submarinos nucleares y miles de tropas se han movilizado en una operación que Washington enmarca en la iniciativa Lanza del Sur y en la lucha contra el narcotráfico, pero que analistas ya interpretan como una demostración de fuerza directamente vinculada a la creciente tensión con el Gobierno de Nicolás Maduro.
Desde agosto, los mares que rodean el continente se han transformado en un escenario militar sin precedentes recientes. El despliegue incluye destructores clase Arleigh Burke armados con misiles guiados, barcos anfibios, submarinos de ataque nuclear, helicópteros de combate, drones de vigilancia MQ-9 y aeronaves F-35. A esto se suman más de 2.200 marines, cientos de militares de apoyo y al menos 10.000 efectivos estadounidenses distribuidos en múltiples puntos estratégicos.
El Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales advierte que la magnitud del operativo rebasa por mucho lo necesario para tareas antidrogas. La presencia del portaaviones USS Gerald R. Ford, decenas de buques adicionales y alrededor de 170 misiles Tomahawk listos para ser utilizados apuntan a una capacidad de presión militar que altera el equilibrio regional.
Aunque EE.UU. no contaría con suficientes fuerzas terrestres para una invasión total, sus medios navales y aéreos permiten operaciones de bombardeo de alta intensidad contra instalaciones militares venezolanas, un escenario que el propio Pentágono reconoce haber presentado como opción presidencial.
A este despliegue se suma una red de alianzas y movimientos diplomáticos que amplían el alcance estadounidense. Trinidad y Tobago alberga ejercicios militares urbanos y rurales; Guyana refuerza su cooperación en plena disputa por el Esequibo; y Puerto Rico vuelve a funcionar como una plataforma operativa clave, con ejercicios de desembarco y zonas aéreas restringidas hasta 2026. Granada analiza la instalación de un radar estadounidense, mientras Panamá insiste en que su colaboración militar no está dirigida contra Caracas.
República Dominicana y la DEA anunciaron una ofensiva conjunta contra el Cartel de los Soles, al que Washington vincula directamente con Maduro. Paralelamente, Ecuador, Paraguay y Argentina expresaron su apoyo a la estrategia antidrogas impulsada por Trump.
El despliegue ya incluye acciones letales: el Ejército estadounidense asegura haber hundido más de veinte embarcaciones y provocado la muerte de unas ochenta personas en operaciones contra el narcotráfico en el Caribe y el Pacífico.
El resultado es un escenario regional profundamente tensionado, donde la línea entre una operación de seguridad y una demostración de fuerza contra un gobierno rival se vuelve cada vez más delgada.



