En el contexto de la transición hacia un futuro sostenible, el empoderamiento de las comunidades del Corredor Seco centroamericano se presenta como una herramienta esencial para enfrentar los efectos del cambio climático y promover un desarrollo equitativo. Esta región, de 150.000 kilómetros que abarca desde Centroamérica hasta el sur de México y hogar de aproximadamente 20 millones de personas, enfrenta altos niveles de vulnerabilidad, con un 73 % de sus habitantes viviendo en extrema pobreza y muchos obligados a migrar.
El panel ‘Transición energética justa en Centroamérica’, organizado por World Vision y Microsol en el marco de la COP30, destacó la importancia de convertir a las comunidades locales en actores centrales de su resiliencia y desarrollo. João Diniz, líder regional de World Vision, subrayó que la participación activa de la población permite prolongar las acciones de las organizaciones y garantizar soluciones sostenibles a largo plazo.
Programas como ‘Esperanza para el Corredor Seco’ buscan conectar a múltiples actores y capacitar a las comunidades para que identifiquen sus necesidades y exijan respuestas de las instituciones, desde revisar presupuestos municipales hasta gestionar proyectos ambientales y sociales. Iniciativas concretas, como la instalación de más de 20.000 estufas mejoradas en Guatemala, han reducido más de 200.000 toneladas de CO₂ equivalente y mejorado la salud de mujeres y niños.
Metodologías de regeneración natural y proyectos de captación de carbono han demostrado resultados significativos, con reducciones de más de 2 millones de toneladas métricas de CO₂ equivalente. Según Diniz, el Corredor Seco cuenta con comunidades competentes y comprometidas capaces de atraer inversiones, mostrando que, con apoyo y recursos adecuados, el desarrollo sostenible es alcanzable en la región.


