Golpeado, pero firme. Así salió Luis Vega a enfrentar las cámaras después de la dolorosa derrota que dejó a Honduras en una situación crítica rumbo al Mundial. El defensor central no escondió la frustración y reconoció que el tropiezo es “un baño de humildad” que les recuerda que en estas eliminatorias nadie se puede dar por vencido… ni por mínimo rival.
Vega describió la noche como “difícil y dura”, admitiendo que en el vestuario el equipo tuvo que levantarse moralmente y respaldarse para no venirse abajo. Aun así, insistió en que lo importante es que Honduras sigue dependiendo de sí misma, aunque el golpe también lo sintió toda la afición que soñaba con un cierre más cómodo.
El zaguero recordó que ya han superado momentos duros —como aquel revés ante Canadá— y que ese carácter debe reaparecer ahora que se viene lo más complicado. Para él, el duelo del martes contra Costa Rica es una auténtica final donde no hay margen de error.
Confiado en el proceso y en la mano de Reinaldo Rueda, Vega aseguró que el grupo responderá con unidad y actitud. Sabe que si llegan derrotados mentalmente, están perdidos. Por eso pide cambiar el chip, sostener la motivación y darlo todo, porque el sueño mundialista todavía está ahí… aunque cada vez más caro.


