Una nueva directriz del gobierno de Estados Unidos generó controversia al establecer que condiciones como la obesidad o tener personas a cargo con necesidades especiales podrán considerarse motivos para rechazar visas de inmigrante. La medida se enmarca en una política más estricta hacia la migración, impulsada por el presidente Donald Trump.
El documento, emitido por el Departamento de Estado, instruye a las embajadas a evaluar si un solicitante podría representar una “carga pública”, argumentando que padecer obesidad puede requerir atención médica prolongada y costosa. También ordena analizar si el solicitante tiene hijos o familiares con discapacidades o enfermedades crónicas que demanden cuidados especiales y limiten su capacidad de trabajar.
Aunque las autoridades estadounidenses han considerado tradicionalmente el riesgo de dependencia económica al otorgar visas, la inclusión explícita de la obesidad y las responsabilidades familiares en la evaluación supone un cambio drástico en los criterios migratorios.
Las nuevas reglas aplican únicamente a las solicitudes de residencia permanente o visas de larga duración, y no a quienes viajen temporalmente por turismo o trabajo. Sin embargo, la medida ha despertado preocupación entre grupos de derechos humanos y expertos en salud pública, que advierten que podría discriminar a miles de personas por razones médicas o familiares.
El gobierno defendió la decisión señalando que busca “proteger al contribuyente estadounidense” y priorizar el ingreso de migrantes “autosuficientes”. Con esta política, Washington refuerza una visión más restrictiva de la inmigración, que podría dejar fuera del sueño americano a quienes enfrenten problemas de salud o tengan familiares dependientes.



