La tensión se extiende en el Cono Sur. Entre 150 y 200 soldados argentinos fueron desplegados en la frontera con Brasil luego del brutal operativo lanzado esta semana por el Gobierno de Río de Janeiro contra el poderoso grupo criminal Comando Vermelho, que dejó más de 130 muertos.
El Ministerio de Defensa argentino confirmó que las tropas ya se encuentran en la ciudad de Bernardo de Irigoyen, en Misiones, con radares, drones, helicópteros y equipos de comunicación, para reforzar la vigilancia ante el temor de que integrantes del grupo intenten escapar hacia territorio argentino.
“Estamos en alerta máxima”, declaró la ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, tras conocerse que uno de los fusiles incautados durante el operativo en Río pertenecía a las Fuerzas Armadas de Argentina, un hallazgo que encendió aún más las alarmas.
El megaoperativo brasileño movilizó a 2.500 agentes policiales y militares en los complejos de Alemão y Penha, zonas controladas por el Comando Vermelho, en un intento por frenar su expansión. La respuesta de los criminales fue feroz: tiroteos prolongados, drones lanzando explosivos y escenas de guerra urbana dejaron un saldo de cuerpos sin identificar y barrios enteros paralizados por el miedo.
El impacto cruzó fronteras. Paraguay también elevó su nivel de alerta y reforzó la vigilancia en los departamentos limítrofes con Brasil. “El crimen organizado no conoce fronteras”, advirtió el presidente Santiago Peña, mientras ordenaba el despliegue de tropas y agentes migratorios.
En Brasil, la operación desató protestas en Río de Janeiro, donde familiares de las víctimas acusan a las autoridades de una “masacre indiscriminada”. El juez Alexandre de Moraes, del Supremo Tribunal Federal, exigió al gobierno de Río que rinda cuentas por el uso de la fuerza.



