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El mundo al borde del abismo: el hambre se convierte en arma de guerra y millones podrían morir en silencio

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El planeta se sumerge en una de las peores crisis de hambre de su historia. Dos hambrunas activas —en Gaza y Sudán—, el desplome de la ayuda internacional y el aumento de los ataques contra cooperantes dibujan un panorama devastador. Así lo advirtió el director adjunto del Programa Mundial de Alimentos (PMA) de Naciones Unidas, Carl Skau, quien calificó la situación como “una tormenta perfecta” que amenaza con cobrarse millones de vidas.

“Vivimos un momento crítico: las necesidades se disparan, los fondos desaparecen y la vida de los trabajadores humanitarios está más en riesgo que nunca”, alertó Skau durante su visita a Colombia, donde constató de primera mano la desnutrición que golpea a comunidades indígenas en La Guajira.

El PMA enfrenta un recorte global del 40 % de su presupuesto, lo que ha obligado a reducir personal y asistencia en decenas de países. “Solo en Afganistán pasamos de atender a nueve millones de personas a apenas un millón y medio. Sabemos que morirán niños este invierno porque no tenemos los recursos”, lamentó.

En los territorios en guerra, el hambre ya no es una consecuencia: es un arma. En Gaza, Skau describió “una catástrofe real”, donde el alto el fuego apenas ha permitido el ingreso de una fracción de la ayuda necesaria. “Se necesitan 600 camiones diarios, hoy solo entran 150”, señaló con preocupación.

El funcionario denunció que grupos armados y gobiernos utilizan el bloqueo de alimentos como táctica de guerra, violando las normas del derecho internacional. “No es falta de voluntad de los humanitarios; son barreras deliberadas para castigar a la población civil”, aseguró.

A la falta de alimentos se suma una crisis financiera sin precedentes. Los aportes de los principales donantes del PMA —entre ellos Estados Unidos, Alemania y el Reino Unido— se han desplomado de 9.000 millones a 6.400 millones de dólares, dejando sin asistencia a millones de personas. “Intentamos conseguir nuevos aliados, pero las pérdidas son demasiado grandes”, reconoció Skau.

El trabajo humanitario, además, se ha vuelto mortal. “Nunca ha sido tan peligroso ser humanitario. Cada vez más colegas son asesinados por intentar salvar vidas”, advirtió.

Aun así, Skau se aferra a la esperanza: “Todavía alimentamos a 100 millones de personas en el mundo. Podemos marcar la diferencia, pero necesitamos solidaridad y respeto por las normas humanitarias. De lo contrario, millones seguirán muriendo de hambre en silencio”.

Durante su paso por Colombia, el funcionario destacó los esfuerzos conjuntos entre el PMA y el Gobierno para combatir la desnutrición en las escuelas y comunidades más vulnerables. Aunque el país sigue enfrentando altos niveles de inseguridad alimentaria, este modelo de cooperación es visto como un ejemplo regional.

“El hambre no se erradicará con caridad, sino con estructuras sólidas y voluntad política. Queremos ayudar a crear soluciones que perduren”, concluyó Skau, con un mensaje claro: el mundo aún puede evitar la tragedia, pero el reloj avanza rápido.

La hambruna en el norte de Gaza es inminente: más de un millón de personas  se enfrentan a niveles "catastróficos" de hambre, advierte nuevo informe |  CNN